

Bernabé dijo que Marcos tenía mucho futuro. Como un hombre joven, Marcos pudo haber sido testigo de muchos de los eventos tal como lo escribió en el evangelio. Ahora él necesitó la mano firme de un hermano más anciano en la fe, alguien para escucharlo, que hablara palabras de estímulo, para ayudarlo a sostener sus pasos en la fe.
Bernabé llevó a Marcos, su sobrino, al ministerio de Chipre. En el camino a Chipre, no hay ninguna duda que Bernabé y Marcos hablaron algo más que sólo el estado del tiempo. Compartir con Bernabé era precisamente la tónica que necesitaba Juan Marcos. Incluso Pablo reconoció que ese hombre joven había cambiado: "Recoge a Marcos y tráelo contigo, porque me es de ayuda en mi ministerio" (2 Timoteo 4:11). Bernabé supo como animar a un compañero creyente. Supo compartir su fe. ¿Cómo lo hacemos usted y yo? ¿Sabemos compartir nuestra fe con un compañero cristiano?
- Ser sensitivos a las necesidades de las personas. Los que tienen éxito en estimular y animar a sus hermanos y hermanas son generalmente personas sensitivas. Un atípico o extraño comentario, una crítica o una actitud perturbadora, un comentario a terceros. Esos son signos, señales emocionales de que un hermano o hermana puede estar sosteniendo una carga pesada.
- Identifíquese con la persona. Esto no significa que siempre tiene que estar de acuerdo con las quejas, actitudes o imputaciones de otras personas. Pero quizás ellos realmente tienen algo en sus mentes que quieren descargar, algún problema que los aqueja. En cosas así, un hermano o hermana no puede expresar sus pensamientos o sentimientos de la mejor manera, incluso quizás el lenguaje se pueda volver un poco áspero. En casos así usted debe escuchar paciente y amorosamente, escuche, pero escuche con una mente abierta.
Los consejeros experimentados saben que las primeras reacciones de las personas con problemas son a menudo sus peores reacciones. A veces es necesario esperar hasta que la niebla emocional se aclare, para que a través de un bagaje de palabras apuntar con precisión al problema real. Sea respetuoso del hecho que un compañero cristiano esté usándolo como un escucha salvavidas, confiando en los sentimientos profundos de usted. Después de todo, con todas las presiones de este mundo agitado, si no podemos encontrar ayuda en un buen amigo en la fe ¿dónde podemos encontrarla?
La tarea aquí es identificarnos con la otra persona tanto como sea posible, podemos querer mencionar suavemente que compartimos su punto de vista, podríamos querer decir esas dos palabras maravillosas, "te entiendo". Sin querer componer sus propios sentimientos y convicciones, no es erróneo sostener su carga diplomáticamente, con la finalidad de evitar la crítica. En tiempos de gran tensión y fatiga de la persona, la habilidad de escuchar pacientemente vale su peso en oro.
Incluso en sus cartas correctivas a la iglesia en Corinto, el apóstol Pablo tenía este acercamiento. Aunque usó palabras ásperas para ellos después, empezó por identificarse con la congregación y sus logros: “Siempre doy gracias a Dios por ustedes, pues él, en Cristo Jesús, les ha dado su gracia. Unidos a Cristo ustedes se han llenado de toda riqueza, tanto en palabra como en conocimiento. Así se ha confirmado en ustedes nuestro testimonio acerca de Cristo, de modo que no les falta ningún don espiritual mientras esperan con ansias que se manifieste nuestro Señor Jesucristo”. (1 Corintios 1:4-7).
Aunque Pablo está escribiendo una carta correctiva, aunque él tiene que escribir respecto a la fornicación y la herejía. Se toma tiempo para identificar y alabar a su público. Todos necesitamos simpatía mutua y apoyo. A menudo, necesitamos ser apreciados, para saber que nuestro servicio cristiano y los esfuerzos en esta vida no son en vano. Y cuando estamos “mal”, necesitamos oírlo de nuevo otra vez. - Sea realista. La mejor cosa que hay que hacer es manifestar nuestros propios sentimientos, cuan apropiado y cuan necesario para nuestro amigo es manifestar nuestras propias faltas y necesidades. Esto tendrá un efecto poderoso en el proceso de compartir.
Pablo nunca tuvo miedo en ser autobiográfico en sus cartas que remitía a las iglesias a su cargo. Como cuando dijo a los de Galacia: "Ustedes ya están enterados de mi conducta cuando pertenecía al judaísmo, de la furia con que perseguía a la iglesia de Dios, tratando de destruirla. En la práctica del judaísmo, yo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi celo exagerado por las tradiciones de mis antepasados. Sin embargo, Dios me había apartado desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia. Cuando él tuvo a bien revelarme a su Hijo para que yo lo predicara entre los gentiles, no consulté con nadie. Tampoco subí a Jerusalén para ver a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui de inmediato a Arabia, de donde luego regresé a Damasco. (Gálatas 1:13-17).
Cada historia de la vida cristiana está llena de fascinación y deleite, ello respira el espíritu de fe auténtica y de compromiso que el hermano herido y agitado necesita oír. A menudo un creyente con una perspectiva perdedora puede ser inspirado por los altos y bajos, las pruebas y triunfos de alguien más. Cuando aprendemos a escuchar, mostramos que hemos descubierto una gran llave para compartir nuestra fe. (tomado de varias fuentes). - Servirle al Señor en el Ministerio de Visitas: Puedes tomar la iniciativa de incorporarte a tu iglesia y hacer visitas a muchos hermanos que necesitan de nuestra consolación. Confiamos en Dios en momentos de tribulación, recordemos a Jesus y sus Discipulos en medio de la tormenta. Tu puedes llevar a sitio seguro por medio del Espiritú Santo a muchos que lo necesitan. No esperes que te llamen, hazlo hoy. Muchas personas necesitan de ti.














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